La entrada en la Unión Europea es, junto con la aprobación de la Constitución del 78, el acontecimiento más relevante para el desarrollo de España de los últimos dos siglos. La consolidación política de una identidad europea ha garantizado un progreso y un bienestar más o menos homogéneos, ha alejado fantasmas de un pasado marcado por las guerras y ha situado a la UE como uno de los principales actores del desarrollo económico mundial.